Dos caminos, un mismo «sí» al Señor
Felipe Aguilar inicia el noviciado y recibe el hábito mercedario, mientras Moisés Brandt realiza su primera profesión religiosa en una jornada de alegría y acción de gracias en el Santuario de San Ramón
El 3 de septiembre aún permanecía vivo el eco de las celebraciones del día 31: el bullicio, los dos mil cirios encendidos, las ocho misas y las flores que engalanaron el presbiterio. Pero la familia mercedaria volvía a reunirse para vivir una jornada especialmente significativa: dos jóvenes, Felipe Aguilar Bermúdez y Moisés Alexander Brandt Rojas, daban un nuevo paso en su camino vocacional. Felipe comenzaba el noviciado y recibía el hábito de la Orden; Moisés, después de un año de noviciado, realizaba su primera profesión religiosa.


La celebración estuvo marcada por la alegría, la oración y la acción de gracias. A la luz de la Palabra -«Antes de formarte en el vientre, te escogí» y «Permaneced en mi amor»-, el padre Provincial, Fr. Vicente Zamora, invitó a ambos a vivir su vocación con confianza, sin miedo y dejándose acompañar. A Felipe le recordó que el noviciado es un tiempo para aprender, discernir y crecer en la oración, la fraternidad y el conocimiento de Cristo, de María de la Merced y de san Pedro Nolasco. A Moisés le animó a cuidar la paz que ha descubierto durante este primer año y a vivir sus votos como una entrega concreta a Dios y al servicio de quienes sufren.

Uno de los momentos centrales llegó con la imposición del hábito a Felipe. Después de expresar su deseo de experimentar la vida religiosa, recibió la túnica y el escapulario de manos de la comunidad, quedando confiado al acompañamiento de su maestro. Poco después, Moisés se acercó al altar con una respuesta sencilla y rotunda: «Aquí estoy, Señor, tú me has llamado». Ante la comunidad prometió vivir la castidad, la pobreza, la obediencia y el cuarto voto mercedario, comprometiendo su vida a imitación de Cristo Redentor para socorrer a los cautivos y afligidos. La firma de la profesión y los abrazos de los hermanos expresaron la acogida y la alegría de toda la familia mercedaria.



La Eucaristía se convirtió así en una verdadera acción de gracias por la vocación recibida y por estos dos caminos que comienzan y continúan. Al finalizar, Moisés compartió su profundo agradecimiento a Dios, a sus formadores, comunidades, compañeros y, de manera especial, a su familia y a su tierra natal, Venezuela. Con unas setenta personas presentes, entre religiosos, religiosas y laicos, la jornada concluyó con la bendición solemne, el canto a María de la Merced y un encuentro fraterno en el claustro.

Dos momentos distintos de un mismo camino quedaron unidos en una certeza: Dios llama, acompaña y pide cada día una nueva respuesta de amor.
Aquí toda la crónica del P. Joaquín Millán y la homilía del Padre Provincial.


