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Santuario de San Ramón Nonato
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La presencia de la Orden de la Merced en este lugar es de 1245, y fue san Pedro Nolasco quien autorizó la fundación. Este convento está unido a la figura universal del santo más famoso de la Orden Mercedaria san Ramón Nonato, hijo de Portell. La presencia mercedaria que data de los tiempos del Fundador quedó truncada en 1835 con la desamortización de Mendizábal y restaurada de nuevo la vida mercedaria el 1 de julio de 1897. Durante la guerra civil española los frailes tuvieron que abandonar el convento, volviendo una vez concluida la guerra civil. En la actualidad los religiosos mercedarios atienden el santuario, las parroquias de San Ramón, La Manresana, Portell, Guspí, y Viver de Segarra. También el monasterio es la casa noviciado de la Provincia Mercedaria de Aragón.

El santuario de San Ramón Nonato es un centro continuo de peregrinos que se acercan a venerar las reliquias del santo mercedario, y sobre todo el día 31 de agosto, fiesta del santo nonacido son miles las personas que se acercan a rezar al santuario y dar los tres típicos “tres tombs” (tres vueltas) ante el sepulcro de San Ramón Nonato para darle gracias por los multiples favores recibidos del Señor por la intercesión del santo de Portell.

El Convento actual

El Papa Urbano VIII en 1626 decretó la aprobación del culto público a San Ramón. La Orden recibió con júbilo la decisión de Roma y es cuando se decide a construir, a toda costa, obras importantes en este convento. Se inician las obras en 1674 y todavía sin acabar se inauguró el año 1695. A tres mercedarios ilustres se debe en diferentes épocas, principalmente, la edificación del Santuario y Monasterio de la Segarra: El Rvdmo. P. Pedro Salazar, que siendo General de la Orden (luego obispo de Córdoba y cardenal) emprendió, alentó y patrocinó las obras de la iglesia nueva; el Rvdmo. P. José Linás, su sucesor en el Gobierno de la Orden y luego Arzobispo de Tarragona, siguió patrocinando la marcha de las obras del templo y presidió la ceremonia de su inauguración; y el Rvdmo. P. Pedro Nolasco Mora, también General de la orden y después Obispo de Solsona, a cuyo tesón, entusiasmo y munificencia se debe la construcción del actual Monasterio.

El convento ocupa un rectángulo de 60,85 metros de largo por 55,50 de ancho. Tiene dos plantas y bajos. Todo él construido con piedras del país, y de sillería las jambas y dinteles de todas las puertas, ventanas y balcones; la robusta cornisa y angulares.

El Claustro bajo cubre una superficie de 1286 metros cuadrados. Los arcos y bóvedas del claustro están aguantadas por robustas columnas pétreas, 28 en total, con base jónica, fuste cilíndrico macizo de una sola pieza. Los capiteles, elegantes y sobrios, ennoblecen el conjunto por la sencillez y simplificación de sus elementos. Los jardines del patio resaltan la belleza del brocal de la clásica y necesaria cisterna. Brocal de base octogonal y templete, con pilastras toscanas. Junto al brocal de la cisterna, en un mojón que corona el escudo de la Orden, se ha instalado un grifo para beber la fresca agua de la cisterna.

Como elementos decorativos generales encontramos: lado oeste, escudo de la Merced, sostenido por dos ángeles; apenas se distinguen ya los cuarteles desgastados por el tiempo. Lado sur: escudo de la Merced, intacto. Lado este: anagrama de María y lado norte: escudo episcopal del Rvdmo. P. Pedro Nolasco Mora y fechado en el año 1802.

Al mismo nivel del claustro bajo se encuentra la sala “De Profundis”, a continuación el antiguo refectorio conventual. También se encuentra el antiguo horno de la comunidad y el museo con una riqueza en exvotos , unos cuatrocientos, donde en pequeños cuadros los devotos dejaron impresa la imagen de alguna gracia o favor alcanzados, por la intercesión de San Ramón. Los exvotos datan desde el siglo XVII hasta la actualidad. El museo contiene también ornamentos sagrados y ocho grandes libros corales que han llegado hasta nosotros pertenecientes al Monasterio y que fueron realizados en el s. XVII. Son verdaderas obras de arte.

El Claustro alto tiene tres escaleras: la de la portería (que es la natural, pero sin utilización por estar inconclusa esta ala); la que arranca de la puerta del pasillo del camarín Antiguo, notable por sus arcos reseñados y otra interior. Lo más destacable es la dimensión de sus bóvedas con arcos de medio punto. Y los ocho balcones uniformes sobre el patio, con bellos dibujos simétricos. En este claustro estaban antiguamente las celdas de los religiosos que habitaban el monasterio.

La Iglesia del Santuario

La Portada de la iglesia llama fuertemente la atención. Es la parte más noble del edificio. De estilo barroco catalán, destacan en el cuerpo inferior, cuatro grandes columnas salomónicas de piedra de una sola pieza, enmarcando, cada dos, sendas hornacinas que, en otro tiempo, cobijaron las imágenes de san Pedro Nolasco y Santa María de Cervelló. Fueron destruidas en 1936. Sobresale, en el centro, el escudo de la Orden de la Merced, en piedra labrada, como el resto de la portada. En el cuerpo alto de esta portada contemplamos la hornacina con la estatua original de san Ramón Nonato, que preside todo el bien logrado conjunto arquitectónico. Según los arqueólogos esta portada es el comienzo del trazado salomónico en Cataluña, donde sólo se cuentan tres o cuatro de este estilo. La de nuestro monasterio comparte la primacía, en valor y antigüedad con la del templo de Belén de Barcelona, y la de la parroquia de Caldes de Montbuy (Barcelona).

El Templo empezó a construirse el año 1674. El Rvdmo. P. Pedro Salazar fue su primer promotor ilustre y eficaz protector. Se concluyó el año 1722. Es una hermosa nave de 44 metros de largo por 10,50 de ancho, con crucero y airosa cúpula de 33 metros de alto más cuatro capillas laterales, por lado. Todos los retablos e imaginería son de hechura moderna.

El Retablo mayor fue destruido en 1936. Era obra del famoso escultor barcelonés Pedro Costa quien terminó de tallarlo en 1741. De estilo barroco, bien proporcionado de 20 metros de altura. Los que no tuvimos la suerte de contemplarlo podemos imaginar su estructura visitando el del “Miracle”, a siete kilómetros de Solsona, del que era factura casi exacta. Preside el retablo actual la imagen de San Ramón Nonato, ataviada con los símbolos tradicionales: la palma (con tres coronas) y la custodia. A la derecha del santo, San Pedro Nolasco, Fundador de la Orden de la Merced y a la izquierda San Pedro Pascual, obispo. En el cuerpo superior Santa María de Cervelló, sosteniendo la barca, emblema de su patronazgo sobre los navegantes. Corona el retablo la faz del Padre Eterno y una cruz con características de custodia.

El Camarín nuevo es una capilla circular, con bóveda rebajada y dos grandes ventanales. Aislado, en el centro, se halla el sepulcro de San Ramón. El escultor leridano Jaume Perelló creó una obra artística en este monumento. Sirve de base un altar de mármol, con mesa para la celebración de la santa misa. El resto es todo de talla: el trono, con las reliquias de San Ramón (pequeño hueso que pudo salvarse), el cuerpo yacente del santo cuyo sarcófago sostienen dos ángeles; la imagen de la Virgen de San Nícolas, sobre nubes, circundada por amplia diadema. En el camarín hay dos preciosas vidrieras emplomadas que hacen referencia a dos escenas de la vida de San Ramón: el martirio del candado, sufrido por el santo en Argel el año 1236, y su viático en el castillo de Cardona. Se instalaron e abril de 1970. En cada uno de los ángulos contemplamos sendas tallas de santos mercedarios haciendo coro a su hermano de hábito: san Pedro Nolasco, san Pedro Armengol, San Pedro Pascual, San Serapio.

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