La presencia de la Orden de la Merced en El Olivar es de 1258 gracias a la donación que el marqués D. Gil de Atrosillo hizo a la Merced para que se convirtieran en custodios de la imagen románica de Santa María de El Olivar; imagen de nuestra Señora encontrada milagrosamente por el pastor Pedro Novés.
El convento de El Olivar, así conocido popularmente en toda la comarca, a lo largo de los siglos ha sido foco de devoción mariana hacia Santa María en la advocación de El Olivar. Aquí hubo mercedarios hasta la desamortización de Mendizábal en 1835. Vuelven los frailes mercedarios el 10 de agosto de 1878 dando inició a la restauración de la Orden de la Merced en España. Estarán aquí hasta el año 1936 en que tendrán que abandonar de nuevo el convento a causa de la Guerra Civil. Varios religiosos de este convento sufrieron martirio a causa de la fe, por su condición de religiosos mercedarios. En marzo de 1938 volverán los mercedarios al monasterio de El olivar hasta el día de hoy. La comunidad mercedaria atiende este santuario, así como la hospedería monástica y casa de espiritualidad, además de atender como párrocos varios pueblos de la comarca.
El Monasterio de El Olivar ha dado a la Orden religiosos ilustres y santos: Fr. Mateo de Lana, religioso de este convento del siglo XVI que murió en loor de santidad; Fr. Jorge de El Olivar, redentor que estuvo cautivo en Árgel y que Cervantes nombra en una de sus obras; Rvdmo. P. Jaime Lorenz, natural de La Mata (Teruel), Maestro General de la Orden; Rvdmo. P. Juan Cebrián, natural de Perales de Alfambra (Teruel), Maestro General de la Orden, Arzobispo de Zaragoza y Virrey de Aragón; Rvdmo. P. Mariano Alcalá, natural de Andorra (Teruel), Maestro General de la Orden y mártir de la fe en 1936. En este convento vivió el religioso mercedario Fr. Gabriel Téllez, conocido mundialmente con el pseudónimo de Tirso de Molina, aquí compuso dos obras relacionadas con esta tierra: La Dama del Olivar y Los Amantes de Teruel . El 21 de mayo de 2002 visitaron el Monasterio de El Olivar los Reyes de España D. Juan Carlos I y Dª Sofía.
El Convento
El Convento actual se construyó entre los años 1627 y 1632 gracias al Rvdmo. P. Juan Cebrián. El aspecto general del edificio es compacto, regular. Las principales dependencias (claustros, sala capitular, refectorio...) se agrupan en un plano de aspecto cuadrado.
El Claustro bajo está formado por cuatro alas de 27,40 m. de longitud y 8,30 m. de anchura cada una. Tiene unas bóvedas de yesería de gran calidad en su ejecución y los motivos de su ornamentación son diferentes con lo que nos encontramos ante un amplísimo repertorio de este tipo de ornamentación. Este claustro, como ocurre prácticamente en toda la arquitectura monacal y conventual, es el centro del conjunto. A él confluyen las principales dependencias: portería, iglesia, sala de profundis, sala capitular y escalera de la comunidad. La función del claustro es múltiple: lugar de encuentro con los peregrinos, de meditación, de recreación,... Hoy las paredes del claustro están vacías, pero antes de la desamortización y la guerra civil colgaban de ellas, así como de los muros del resto de estancias, un buen número de lienzos de temática religiosa variada, pintados en la mayoría por fr. Agustín Leonardo de Argensola a encargo del Rvdmo. P. Juan Cebrián.
El Patio interior es reducido. A él se abren doce arcos de medio punto, hoy cerrados por grandes vitrales. En el piso superior asoman también las ventanas de las celdas conventuales del claustro alto, geminadas, de medio punto. Todo él está realizado con ladrillos, excepto el vigoroso basamento sobre el que se apoyan los grandes arcos, de piedra sillar. El ladrillo, es tratado aquí con mucha más sobriedad que en la iglesia, es evidente que nos encontramos ya en una época en que el mudéjar ha entrado en declive.
La Sala "De Profundis" es una sala cuadrada, cubierta con una bóveda sencilla y una cornisa en la parte alta que recorre su perímetro. La presencia de esta sala en la arquitectura conventual mercedaria es común. En esta sala se reunía antiguamente la comunidad antes de entrar al refectorio: allí se recitaba el salmo 130, “De profundis” (“Desde lo hondo a ti grito Señor...”). Era una oración de intercesión por los difuntos. Esta costumbre era importante en una orden como la mercedaria, en la cual permanecía vivo el recuerdo de los religiosos que a lo largo de su historia habían muerto en el cumplimiento del carisma redentor. Es posible que en esta sala se velara el cuerpo de los frailes de la comunidad que fallecían. En la actualidad decoran esta estancia una serie de cuadros del pintor de Estercuel Juan José Abella Rubio, en los que se representan las obras de misericordia realizadas por el fundador de la Merced, San Pedro Nolasco.
El Refectorio de la comunidad es sencillo, y con el púlpito preceptivo para la lectura espiritual que se hacía durante las comidas. La Sala Capitular tiene una puerta de tiempos de la construcción del monasterio, es de estilo mudéjar. Sobre ella encontramos el escudo episcopal de Fr. Juan Cebrián. Esta sala fue concebida como la de más prestancia del edificio. Esta sala cumplía la función de acoger los Capítulos, es decir, las reuniones periódicas o extraordinarias de la comunidad del convento. En ella también se celebraron capítulos provinciales y generales de la Orden de la Merced. Hoy sigue cumpliendo esta función al acoger, cada tres años, el capítulo de la Provincia de Aragón de la Orden. Preside la estancia un cuadro, de gran tamaño, de la Virgen de la Merced, firmado por S. Torres. En los laterales penden obras de diverso valor: una tabla de san Juan Bautista, probablemente de la escuela italiana del XVII, una Inmaculada y otro lienzo de la Virgen de la Merced.
El Claustro alto está formado por cuatro amplias alas con ventanales en los extremos y cubiertas por vigas de madera y revoltones entre ellas. Estas vigas datan de la construcción del convento, en el siglo XVII. En este claustro se encuentran las dependencias particulares de los religiosos, así como parte de las habitaciones de la hospedería. De las paredes de este claustro penden la serie de cuadros que ha realizado la pintora aragonesa Nati Cañada de los religiosos mártires de la provincia de Aragón, muertos en 1936 y de los religiosos que trabajaron por la restauración de la Orden de la Merced en este convento en 1878. En este claustro se encuentra la capilla de la comunidad, cuya puerta de entrada data del siglo XVI o XVII, está tallada con hermosa decoración en torno al escudo de la Merced.
La Iglesia
La iglesia actual data del siglo XVI, y su mecenas fue el Rvdmo. P. Jaime Lorenz de la Mata. La iglesia actual se encuentra sobre el espacio que ocupaba la primitiva capilla de la virgen, de dimensiones más reducidas y cuyo suelo se situaba a un nivel inferior. La estructura de la iglesia es de estilo mudéjar. La planta de la iglesia es de una sola nave, amplia, con capillas laterales. La bóveda es lo más destacado del edificio. Se trata de una bóveda de terceletes, elemento propio del gótico final, que pervive en España, de un modo especial en Aragón, conviviendo con elementos renacentistas en la decoración y la estructura. Lo cruzan vistosos enlazados de yeso, formando elegantes figuras con profusión de rosetones, guirnaldas y follajes.
El retablo y el altar mayor que hubo hasta 1936 fue tallado a principios del siglo XVIII, por el mercedario Fr. Pedro Puey, que pasó luego al convento de Tarazona. La grandiosidad y belleza del retablo que realizó allí nos da idea de lo que pudo ser éste, que estaba “bañado en oro”. Cobijaba en su base el centenario olivo en el que apareció la imagen. Tras la guerra civil, con penurias y prisas, se levantó el actual, todo de yeso, con escaso valor material. Los cuadros del retablo son escenas relacionadas con la Orden de la Merced (San Serapio, San Ramón, la Virgen del Olivar aparecida en un olivo, san Pedro Nolasco que mientras ora a Cristo crucificado tiene la visión del olivo).
En el centro del retablo se abre el Camarín , donde preside la imagen de la Virgen del Olivar, mostrándonos a su Hijo. Es una reproducción de la original, que desapareció en 1936. Morena, como todas la s imágenes románicas, se talló en 1956, en los talleres Navarro de Zaragoza. El rostro lo esculpió de nuevo, al año siguiente, el escultor de fama mundial D. Pablo Serrano, natural del cercano pueblo de Crivillén (Teruel). La imagen de la Virgen del Olivar es venerada en toda la comarca y es lugar de peregrinación de todos los pueblos de la zona en los domingos de pascua. En la Iglesia las capillas laterales están dedicadas al Sagrado Corazón de Jesús, a Nuestra Madre de la Merced, a Santa María de Cervelló, primera mercedaria, San Pedro Nolasco, patriarca y fundador de la Orden Mercedaria.
La Sacristía nueva es una sala amplia, cubierta con una curiosa bóveda en la que destaca un escudo de la Merced de tamaño importante. La construcción de esta dependencia coincide con la del convento (1627-1632). Se conserva el mueble anaquel original, con sus puertas y cajones, adornada con un sencillo friso de decoración vegetal tallada. Pero, sin duda alguna, esta pieza queda empequeñecida ante el importante armario que se encuentra en la pared opuesta.
El armario ha sobrevivido, milagrosamente, al paso del tiempo, y es considerado por muchos como la joya artística más preciada de todo el convento. Está construido en madera de nogal con decoración en taracea de maderas de peral y de pino. El frente es de estilo protobarroco, con el remate plenamente ya barroco. El interior es más sorprendente. Está profusamente adornado a base de decoración pintada sobre yeso, no al fresco sino en seco: motivos vegetales, hojas, frutos, flores, grandes roleos, ángeles, figuras semidesnudas, además de los escudos de la Orden de la Merced y del Rvdmo. P. Fr. Juan Cebrián. Todo ello con una gama de colores muy viva. En las puertas, encontramos sendas escenas, en formato oval, pintadas al óleo. Una representa la imagen de San Ramón Nonato joven, todavía pastor, orando de rodillas ante una Virgen Inmaculada. Al fondo el rebaño, cuidado por un ángel, y un sugestivo paisaje. La otra escena refiere un hecho milagroso de San Pedro Nolasco: el viaje hasta Barcelona por mar, en un frágil bote, utilizando el hábito a modo de vela. Se atribuye la labor pictórica al mercedario fr. Agustín Leonardo de Argensola.
