Pedro Nolasco es el creyente que encontró a Cristo en el pobre. Otros santos lo honraron desde la pobreza, en la sublimidad de la contemplación, con la austeridad penitente.
Dios lo llamó, lo sacudió. Pedro Nolasco respondió, se dejó seducir. Y esa provocación aceptada, le vino desde una experiencia agresiva y desde la Palabra insinuante.
Que Pedro, el de los Nolasco, se había vuelto loco, rematadamente loco. De otra manera no podía comprenderse lo que había hecho: gastado una enorme fortuna comprando cautivos.
Pedro Pascual es el hombre peculiar para tiempos críticos y misiones singulares. En el consulvo siglo XIII.
Pedro vino al mundo hacia 1234, en Guardia del Prats, aledaño de la tarraconense villa de Montblanch. Su padre era hombre situado, de alcurnia, gozador de buenos apoyos en la corte de Barcelona. La madre, un primor de mujer, de esposa, de educadora.
Adalid en cien batallas, hidalgo de la más comprometida caridad, leal hasta la muerte, es el hombre fascinado por lo noble, lo sublime, lo esforzado, lo heroico.
De esas mujeres sencillas que aciertan a captar los gestos desmesurados de los grandes hombres y a interpretarlos desde la ternura y la simplicidad, María supo introducir a la mujer en la heroica labor de Merced. Los frailes se afanaban en organizar, colectar, viajar, redimir, quedarse en rehenes, morir ... Ellas se emplearían en pasar el rosario, lavar heridas, preparar caldos, fregar suelos, prodigar besos.
Nacida en Madrid 17 de enero de 1565, fue niña reflexiva, amiga complaciente... y, luego, adolescente rezadora, con asomos de vivencias sublimes cuando se arrobaba ante el altar que tenía escondido en una buhardilla o cataba desacostumbradas austeridades. Pero también le gustaba hacerse interesante, se dejaba cortejar, ensayaba un noviazgo.
Nació en Bilbao el 25 de julio de 1884. Fue bautizada con el nombre de Pilar. Tuvo una hermana gemela Leonor, con quien mantuvo toda la vida una relación afectiva y espiritual muy intensa. Siendo adolescente, su madre decidió llevarla al colegio internado de las Monjas Mercedarias en Bérriz. Allí sintió la llamada de Dios a una consagración total como religiosa mercedaria de clausura y allí descubriría su vocación misionera.
Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno nace en Granada, el 11 de octubre de 1831, en el seno de una familia cristiana. Desde niño se distingue por su elegancia natural y por su gran amor a Jesús y a la Virgen. Destaca siempre por su inteligencia, pues en todos los estudios que cursa, saca las máximas calificaciones, pero, sobre todo, por su rica personalidad y por la rectitud de conciencia y vivencia de los valores cristianos.
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