PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL - Desde el coro
Virgen de la Merced

Contigo voy Virgen pura
y en tu poder voy confiado,
pues yendo de ti amparado,
mi alma estará segura.
Dulce Madre no te alejes,
tu vista de mí no apartes,
ven conmigo a todas partes
y solo nunca me dejes,
ya que me protejes tanto
como verdadera Madre.
Haz que me bendiga el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo.
A MARÍA NUESTRA MADRE

Querida Virgen María.
Gracias por ser nuestra madre en la fe,
por estar cerca de nosotros
y cuidarnos mucho como hiciste con Jesús-niño.
Quiero conocer mejor a tu hijo
y quererlo más cada día.
Quiero vivir como Jesús.
Ser buen hijo, buen hermano y buen amigo.
Contágiame tu esperanza.
Que aprenda, como tú, a vivir en las manos de Dios.
Ayúdame a hacer crecer mi fe.
Madre Buena, enséñame a seguir los pasos de Jesús.
ORACIÓN MERCEDARIA

Oraciones

Oremos por el aumento de las vocaciones
Ayúdanos, Señor, a mirar hacia delante,
a emprender el camino
convencidos de que no vamos solos,
de que Tú vas con nosotros.
Danos valor, mucho valor,
para afrontar nuestra vida de todos los días,
para ser testigos tuyos en este tiempo
y llevar ánimo y esperanza a los hermanos
Abre nuestro corazón a los problemas del mundo,
que seamos capaces de compartir
y escuchar a los demás.
Danos valor y fuerza para anunciar tu Reino.
Que nuestra vida sea testimonio
para la juventud de nuestro mundo.
Que tu Espíritu ilumine el corazón de los jóvenes
para que estén dispuestos a emprender
el proyecto de Jesús de Nazaret.
Ayúdanos a gastar nuestra vida
por los más oprimidos
no queremos defraudarte, Señor,
cuenta con nosotros.
Alienta a nuevas personas
que quieran decir que Sí
a tu llamada de amor.
Amén.
POR LAS VOCACIONES MERCEDARIAS

Madre, te necesito: ¡Quiero ser redentor!
He escuchado el lamento de los pobres cautivos:
¡Están en las mazmorras, ay, enterrados vivos!
Hoy no conozco, Madre, otra urgencia mayor.
Ser redentor: ¡Qué enorme vocación y qué bella!
¡Qué semejanza, madre, con la vida del hijo!
No me abandones nunca, María: ¡Yo te elijo
para que en noche oscura sigas siendo mi estrella!
Para que no decaiga cuando llegue la cruz,
para que me sostengas en la fragilidad,
para que pueda siempre ofrecer libertad,
para que en la esperanza alboree tu luz.
Para que en el desierto colmes de amor mi sed,
para que me sostengas en tantos desalientos,
para que los cautivos descubran los portentos
de tu ayuda, al llamarte, Madre de la Merced.
Tú eres Merced de Dios y Merced del cautivo:
¡Tú serás la Merced de mi Orden redentora!
Y a ti te invocaremos, Reina, Madre y Señora,
para que en tu regazo nos lleves al Dios vivo.
